Cuando el sargento llega al dormitorio, tres reclutas deben demostrar una perfecta obediencia a su superior. Éste los inspecciona de pies a cabeza, así como sus camas. No está contento con las normas y quiere poner un poco de orden en este equipo. Es hora de darles una lección. Una orden y un soldado cae a sus pies, lamiendo sus botas de cuero. Saca su gruesa polla y el recluta se acerca a pasar su lengua por la polla vascular y se la chupa con ganas. ¡Todos se implican deseosos de complacer al exigente sargento en esta fantasía militar consensuada!